Las cifras son superiores en los grandes hospitales que en los centros pequeños.
Los resultados de un estudio, que aparecen publicados en el último número de International Journal of Occupational and Environmental Health, muestran que un 11 por ciento de los médicos ha sido víctima de agresiones físicas y un cinco por ciento de ellos las ha sufrido en más de una ocasión. Además, el 64 por ciento han sido objeto de comportamiento amenazante, coacciones o insultos, un 34,4 han sufrido amenazas y coacciones al menos en una ocasión y un 23,8, reiteradas veces. Asimismo, un 36,6 por ciento ha sufrido insultos, al menos, en una ocasión.

Según explica Santiago Gascón, autor principal del estudio, que ha realizado junto a Begoña Martínez-Jarreta y otros investigadores de la Universidad de Zaragoza (UNIZAR), el trabajo aborda las diferencias según los tipos de centros, áreas y profesiones, y da a conocer la incidencia real de este problema en España. “La realidad es que existe una violencia menos grave, insidiosa y continua de agresiones físicas, de comportamientos amenazantes y de agresiones verbales que no se denuncian por considerarse de menor importancia, pero que pueden perjudicar la salud de los profesionales y la calidad asistencial”.

El trabajo, realizado durante el año 2005 en tres hospitales y 22 centros de Atención Primaria de áreas rurales y urbanas de Aragón y de Castilla-La Mancha, analiza las experiencias de agresión e identifica las variables implicadas, su distribución por servicios, profesión, edad y género, así como la posible asociación entre el número y gravedad de incidentes y los problemas de salud psicológica.

De los 1.845 participantes en la investigación, un 64,2 por ciento eran mujeres y un 35,8 hombres, y la media de edad fue de 42,8 años. La proporción por profesiones fue: 33,5 por ciento de médicos, 47,5 por ciento de profesionales de enfermería, 7,9 por ciento de personal de administración, 1,7 por ciento de directivos, 2,8 por ciento de celadores y un 6,6 por ciento de personal técnico y otras profesiones.

Las cifras son superiores en los grandes hospitales que en los centros pequeños, y alcanzan valores muy elevados en servicios como Urgencias y Psiquiatría. Según Gascón, “los datos muestran la verdadera dimensión de una violencia que está infradenunciada”.

El estudio muestra, además, que en un 85 por ciento de los casos las agresiones son perpetradas por los propios pacientes (este porcentaje es más bajo en el servicio de Urgencias, donde un 27,3 por ciento de los agresores resultan ser los acompañantes del paciente). En un 21 por ciento los agresores están afectados por un trastorno psíquico o deterioro cognitivo y en un 5,7 por ciento, bajo los efectos de alcohol o de drogas.

El motivo de agresión más frecuente se relaciona con el tiempo de espera (58 por ciento), seguido de discordancias en la concesión de la baja (15 por ciento) o en la prescripción de medicamentos (10 por ciento). Pero los datos contrastan con el hecho de que sólo ocho profesionales de este estudio denunciaran la agresión sufrida (todas lesiones físicas graves) mientras que no hubo ninguna denuncia por episodios de amenazas o insultos.

“Teniendo en cuenta que la proporción de mujeres en el medio sanitario suele superar el 60 por ciento, no se observó relación entre las agresiones físicas y el hecho de que el agredido fuera hombre o mujer; pero sí para en la variable amenazas, con un claro predominio de víctimas de sexo masculino y de mayor grado jerárquico”, apunta el investigador zaragozano.

Tanto la violencia física, como la violencia psicológica, muestran un idéntico impacto negativo en términos de burnout (insatisfacción laboral). El apoyo percibido es una variable protectora del efecto psíquico de las agresiones, de modo que quienes no se sienten apoyados por la administración muestran peor pronóstico tras los episodios violentos.

“Los profesionales se quejan de que en la legislación de las distintas comunidades no se dedique la misma atención a los derechos del profesional que a los derechos del paciente y que, entre las obligaciones de éste, figure que debe mostrar respeto hacia las instalaciones y objetos de los centros, pero no se dedique ni una línea a observar respeto a la dignidad de quien le atiende”, concluye Gascón.

 

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