La DA se caracteriza clínicamente por episodios recurrentes de inflamación intensa de la piel, combinados con periodos de apariencia normal.
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La dermatitis atópica (DA) es una enfermedad inflamatoria crónica asociada con hiperreactividad a desencadenantes ambientales, como irritantes y alergenos, que no afectan a los individuos normales no atópicos. Determinada en parte por una base genética, se acompaña a menudo de otros trastornos atópicos, como el asma. Se estima que su prevalencia es del 15 al 30% en niños y del 2 al 10 por ciento en adultos.

La DA se caracteriza clínicamente por episodios recurrentes de inflamación intensa de la piel, combinados con periodos en que la piel tiene una apariencia normal. Sin embargo, bajo esta aparente normalidad, subsiste un cierto grado de inflamación subclínica que si no se controla acaba desencadenando un nuevo brote al cabo de un periodo de tiempo más o menos prolongado. Esta constatación ha conducido a postular un nuevo abordaje de la DA, sustituyendo el tratamiento puntual de los brotes por un tratamiento proactivo continuado. Este nuevo abordaje y sus fundamentos fueron el tema central del simposio que se celebró el día 18 de junio en Madrid, en el marco del 37 Congreso Nacional de Dermatología y Venereología.

Una inflamación persistente de la piel
Desde un punto de vista fisiopatológico, se han barajado dos hipótesis para explicar la DA: una defiende la etiología epidérmica y otra la inmunológica. Los conocimientos actuales muestran que las dos hipótesis no son contradictorias, sino que la enfermedad es en la vida real una combinación de ambas, puesto que deben existir unos defectos genéticos responsables de la disfunción de la función barrera de la piel y una base genética que explique la tendencia a la sensibilización. En consecuencia, en la práctica clínica, se deben abordar ambos aspectos. Para luchar contra la disfunción de la piel, se debe aplicar una terapia de base que permita mantener la integridad de la barrera cutánea; para hacer frente a la inflamación, es necesario recurrir a un tratamiento antiinflamatorio que mantenga controlada la respuesta inmunológica anormal de las células de la piel.

Un tratamiento proactivo
El objetivo del tratamiento de la DA ya no debe ser sólo tratar los brotes sino prevenirlos. Para ello, es necesario continuar el tratamiento cuando el brote ha sido controlado, para conseguir no sólo una remisión clínica de las lesiones, sino un control de las lesiones histológicas subclínicas, de modo que no se produzcan nuevos brotes.

Este tratamiento proactivo puede hacerse con corticoides tópicos, que son rápidos de acción, pero cuya utilización a largo plazo tiene riesgos bien conocidos, especialmente en relación con atrofia cutánea. Según se concluyó en el encuentro, otra opción, más segura, es el uso de la pomada de tacrólimus que ha demostrado en adultos tener una eficacia similar a la de un esteroide de potencia media, y en niños (≥2 años) una eficacia significativamente superior a la de un esteroide de potencia baja, que son los utilizados en la población pediátrica.

En este sentido, el estudio CONTROL valoró el tratamiento proactivo con tacrolimus en pacientes con DA incluso durante los periodos de remisión de la enfermedad. El objetivo era comparar, durante un periodo de 12 meses, la eficacia y seguridad del régimen con Tacrólimus dos veces a la semana frente a un régimen estandar de tratamiento dos veces al día sólo durante los brotes. En DA moderada o grave, el 48.8 por ciento de los pacientes no sufrieron brotes* frente a sólo un 17.8 por ciento de los tratados de forma estandar. En los niños (≥ 2 años) los resultados fueron similares.

Esta estrategia ha demostrado, pues, prevenir la aparición de brotes, retrasar la aparición del primero, mejorar la calidad de vida del paciente con DA y ser bien tolerada.

Según datos recientes del estudio CONDA, un estudio epidemiológico llevado a cabo para conocer la actitud del dermatólogo y el paciente ante el control de la DA, el 78.6 por ciento de los dermatólogos españoles participantes, aplicarían un tratamiento farmacológico tópico de mantenimiento en base al perfil del caso clínico teórico pediátrico presentado. El 70.1 por ciento lo harían para el caso clínico teórico adulto planteado.

Recientemente, Tacrólimus pomada ha recibido la autorización por parte de la EMEA del régimen de aplicación 2 veces por semana, para la prevención de los brotes y la prolongación de periodos sin brotes. Si el paciente entiende el nuevo concepto de tratamiento, se adhiere a él y cumple las pautas establecidas, los resultados son satisfactorios, con una mejoría sustancial y mantenida de las áreas afectadas, como se ha puesto de manifiesto en los resultados del estudio CONTROL.

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